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La Republica Argentina hacia el 2020, disminuirá las emisiones de gases

 de efecto invernadero.

      

    

La hora de las energías renovables

    La Argentina, como signataria de la Convención Marco de la O.N.U. sobre Cambio Climático, en respuesta a la urgente necesidad de reducción de emisión de gases que afectan el clima, dispuso la implementación del "Proyecto de Estudio sobre el Cambio Climático", el cual contempla  el informe "Mitigación de gases de efecto invernadero". Este último está destinado a identificar los impactos de potenciales medidas de "Eficiencia energética" (mejoramiento, aprovechamiento y reducción de los consumos energéticos) sobre las emisiones de gases. El estudio, basándose en perspectivas de crecimiento nacional y regional, desarrolla dos escenarios.  El primero, llamado "Escenario Base", propone que la intervención del gobierno en el mercado energético trate de obstaculizar lo menos posible la concreción de los negocios privados, limitándose a la implementación de controles sobre los niveles de competencia en los mercados internos de los productos energéticos y a  procurar el aseguramiento del abastecimiento futuro, etc. El segundo, llamado "Escenario de Mitigación", sólo se diferencia del anterior en la implementación de opciones para mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero, orientando los esfuerzos en los sectores del transporte y la industria.

    Dentro de esta política energética, las medidas de reducción de emisiones aplicadas en el Escenario de Mitigación,  referentes a las actividades vinculadas con el abastecimiento, resultan inviables en lo que respecta a la generación de electricidad, dado que esta es la que concentra los mayores consumos de combustibles dentro del sector, sin poder ser encuadrada dentro de las opciones de eficiencia energética, por tener las centrales térmicas convencionales un alto rendimiento futuro.

    Teniendo en cuenta que el mundo científico ha establecido ciertos "límites ecológicos" más allá de los cuales resulta extremadamente riesgoso pasar (elevación en más de 1ºC de la temperatura media global con respecto a los niveles preindustriales), se establece una cuota de carbono de 225 Gigatoneladas de Carbono (el 25% de las reservas conocidas de petróleo, gas y carbón y el 5% de las reservas totales teniendo en cuenta las potenciales) para ser consumidas a nivel mundial, y al ritmo actual lo serían en cuatro décadas o menos.

    En el corto plazo sería necesaria una reducción del 20% en las emisiones de dióxido de carbono hacia el año 2005 tomando como referencia los niveles de 1990. Sin  embargo esta meta quedó muy lejos en el acuerdo alcanzado en el Protocolo de Kioto (diciembre de 1997) que establece una reducción del 5,2% para el mundo industrializado en el año 2010 y al cual Estados Unidos decidió este año no adherir por considerarlo inviable y perjudicial para su producción industrial. Es importante aclarar que si no se efectúan reducciones progresivas desde ahora, las limitaciones que deberán realizarse en el futuro (más allá del 2010) serán muy importantes y difíciles de llevar a la práctica. 

    La protección climática, exige que limitemos las emisiones globales de CO2 a la cuota de carbono que surge de los límites naturales de la atmósfera. Para cumplir con esa cuota, es necesario adoptar medidas urgentes de reducción en los países industrializados y realizar esfuerzos en los demás países, para que (como en el caso de Argentina) su actividad energética no repita el modelo inviable y altamente nocivo de los países desarrollados.

    La propuesta que el escenario de mitigación propone es insuficiente e inadecuada desde la perspectiva ambiental, ya que no logra cumplir con la reducción necesaria, proyectando un ritmo de crecimiento muy alto para el año 2020 (3,3% anual). Es por esto que sería necesario incluir en el propuestas más innovadoras, más limpias y sustentables y orientar la búsqueda hacia tecnologías libres de emisiones de gases de efecto invernadero.

    Todas las tecnologías aplicadas en el escenario de mitigación para disminuir emisiones y para cubrir unos 22.600 MW de nueva capacidad instalada hasta el año 2020 se basan en:

                * Aumento del parque nuclear (finalización de Atucha ll y otras tres centrales sin ubicación) con el consecuente problema de la generación de residuos nucleares de alta actividad, altos riesgos asociados al ciclo del combustible nuclear y sus altos costos económicos.

                * Construcción de mega-represas hidroeléctricas como son: Corpus (2.280 MW), rechazada por la población de la provincia de Misiones, Paraná Medio (3.000 MW) , proyecto resistido por las provincias del litoral, Garabí (750 MW), y la serie de represas del Bermejo que implicarían la inundación de áreas protegidas de la Provincia de Salta. Todos estos proyectos conflictivos y de difícil realización.

    La utilización del viento no es nueva en Argentina. El desarrollo agropecuario argentino desde finales del siglo pasado hasta hace unas décadas atrás estuvo fuertemente basado en la energía eólica. Argentina llegó a contar con alrededor de 600.000 molinos de viento para bombear agua, además de los pequeños molinos utilizados para la obtención de electricidad domiciliaria.

    La energía eólica es la fuente de energía limpia que más creció en la década del 90 y la más competitiva en la actualidad, con un gran potencial para desarrollarse en la Argentina.

    En el escenario de mitigación, durante el periodo 2005-2020, sólo se proyecta un incremento de 70 MW en la potencia eólica, con lo que se llegaría a alrededor de 80 MW de potencia eólica para el 2020.

    La potencia eólica actual en la Argentina es de 11,75 MW, generando alrededor de 30 GWh. De ser introducida en la matriz energética Argentina, podría alcanzar una potencia instalada de 3.000 MW, generando, para el año 2010, 7.884 GWh, representando así el 7% del total del consumo eléctrico del país.  

    El recurso eólico es extraordinario en las provincias de Tierra del Fuego, Santa Cruz, Chubut, Río Negro, Neuquén y la costa marítima de la provincia de Buenos Aires. Se supone que, de desarrollarse el recurso eólico, la Patagonia estaría por si sola en condiciones de generar energía suficiente como para abastecer al mundo entero en los actuales niveles de consumo.

    Es imprescindible aplicar diversas medidas para desarrollar el escenario apropiado para el campo eólico:

                * Fomentar la Ley Nacional Eólica, brindando así las condiciones mínimas necesarias para la producción de inversiones y agregando el elemento promocional de 1 centavo por KWh generado por turbinas eólicas.

                * Implementación de manera eficaz y transparente del Mecanismo de Desarrollo Limpio (control, contabilidad y verificación de tecnologías energéticas limpias y proyectos de eficiencia energética de alto desarrollo) incluido en el Protocolo de Kioto que Argentina acaba de ratificar, para así poder acceder a inversiones destinadas a proyectos de mitigación que encontrarán en la energía eólica una de sus grandes posibilidades.

                * Leyes de Promoción Eólica como las de Chubut (0,5 centavo por KWh) o la de Buenos Aires (1 centavo por KWh) para generadores eólicos

                * Créditos Blandos o redestinación por ejemplo de los 132 millones destinados a subsidiar la construcción de un reactor nuclear (CAREM de 25 MW) en la Provincia de Río Negro. La idea sería que el Estado Nacional en cambio de endeudarse en esa suma, la habilite para colocarla en el banco Nación para otorgar créditos a 10 años y a tasas del 7% para inversiones en proyectos eólicos, permitiendo financiar alrededor de 140 MW de potencia eólica con la absoluta certeza de la recuperación integral de la suma (más sus intereses) y dejando al Estado sin deudas y apuntalando el despegue de la actividad eólica.

                * Conexión entre la Patagonia y el Sistema Interconectado Nacional (SIN)

                * Hidrógeno: El desarrollo de la tecnología del uso del hidrógeno, debe ser materia prioritaria en el área científica Argentina. El uso del hidrógeno como combustible permite el almacenamiento de la energía eólica y permite ampliar su rango de aplicación y el de otras como la solar. La capacidad científica, técnica y presupuestaria actualmente destinada al desarrollo de la energía nuclear debe ser colocada en esta dirección. El INVAP (Río Negro) deberá reconvertir su actividad en el área nuclear hacia proyectos vinculados a las tecnologías del hidrógeno.  

      

Gráfico de la evolución del parque eólico argentino

Fuente: Greenpeace Argentina

 

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Revisado: 21 de Enero de 2010

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